¿En qué consiste la paternidad positiva?

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La paternidad constituye la profesión más exigente e importante del mundo; sin embargo, la mayoría de los padres no recibe entrenamiento formal para asumirla. Constantemente, cuando las cosas andan mal con los hijos e hijas, los padres tienden a culparse a sí mismos y se sienten incapaces.

Sin embargo, la investigación ha demostrado que los problemas de la paternidad son productos de enfoques inadecuados que se dan a la educación de los niños y niñas. Con base en esto, se ideó lo que es un sistema de paternidad positiva

En la atención psicológica con niños menores de 8 a 10 años, definitivamente también incluye el entrenamiento a padres. Para ser eficaz, la intervención con padres requiere la presencia de tres condiciones:

a) Los padres deben adquirir habilidades y modificar su propio comportamiento.
b) Los cambios deben tener lugar en los/as niños/as.
c) Los cambios deben generalizarse y mantenerse.

RAZONES POR LAS CUALES EMPLEAR UNA PATERNIDAD POSITIVA
1. Se disfruta: Muchas personas están de acuerdo en que es más gratificante ser positivo que negativo. El hogar en el cual la gente se alienta entre sí más de lo que se recrimina, es un hogar feliz.

2. Funciona: Es eficaz porque no sólo enseña a los niños y niñas conductas necesarias para una vida de realización, sino también porque no provoca ninguno de los efectos indeseables que pueden generar otros métodos.

3. Los padres realizan el mejor trabajo: La investigación ha demostrado que, con cierto entrenamiento, la mayoría de los padres puede ayudar a sus hijos de manera eficaz para que aprendan y sustituyan conductas inapropiadas, por otras que no lo sean.

4. Libera al hogar de tensiones: Además de resolver problemas específicos, la paternidad positiva ayuda a crear en el hogar una atmósfera libre de hostilidades, pleitos y tensiones.

5. Incrementa la autoestima en los niños y niñas: Cuando se enseña a l@s niñ@s a sustituir conductas inadecuadas por otras que resultan deseables, permite crear un nivel saludable de la autoestima.

PERSONALIDAD Y CLASIFICACIÓN
Cuando los padres discuten acerca de sus hijos con otras personas, muchas veces lo hacen en términos de personalidad más que de conducta. Por ejemplo, si los padres de Miguel lo clasifican como “hostil”, pueden estar refiriéndose al hecho de que éste pelea con su hermano menor a causa de los juguetes; sin embargo, otra persona puede interpretar el término “hostil” en el sentido de que Miguel pelea en la escuela, destruye objetos en la casa y no respeta a sus padres.

Un problema más serio se presenta si los padres emplean la clasificación frente a Miguel; ya que esto puede provocar que él mismo se vea como “hostil”, lo cual fomentará una conducta acorde con tal clasificación. Por tanto, es mejor evitar las clasificaciones ya que pueden contribuir a generar conductas que después resulten objetables.

En realidad lo que se busca es ser lo más específico y concreto que se pueda ¿Qué es lo que el niño o la niña hace? Es esencial especificar las conductas precisas que deseamos modificar.

Además, el señalar conductas con toda precisión contribuye al desarrollo de programas específicos y eficaces para ayudar a los chicos y chicas a modificar su comportamiento.

LAS CONDUCTAS INFLUYEN EN SUS SENTIMIENTOS
El aspecto de la conducta preocupa debido a que la competencia en el comportamiento determina cómo se sienten los chicos y las chicas respecto de sí mismos/as y de otros/as. El niño y la niña competente se siente a gusto consigo mismo/a, recibe halagos de los demás y, como resultado, es feliz.

ESPECIFICAR LA CONDUCTA
Los padres se refieren a la conducta de los hijos e hijas utilizando términos generales tales como “malas actitudes en la escuela”, “pobre concepto de sí mismo/a” y a su “falta de respeto hacia los demás” La manera correcta es: se queja de los compañeros, compañeras y maestros/as en lugar de decir “malas actitudes en la escuela”; se dice idiota o tonto/a a sí mismo en lugar de pobre concepto de sí mismo/a y le pega a su hermana/o en lugar de falta de respeto hacia los demás.

MEDIR LA CONDUCTA
La medición de la conducta es parte inseparable de la paternidad positiva; ayuda a los padres a efectuar una evaluación exacta del adelanto de sus hijos e hijas. Muchos padres han señalado que es mucho más gratificante constatar el adelanto de sus hijos e hijas en algún documento. Este sentimiento positivo contribuye a proveer de una constante motivación a los padres, a fin de mantener el enfoque positivo con sus hijos.

La medición de la conducta consta de unos pasos simples, los cuales responden las siguientes preguntas:
a) ¿Cuál?
b) ¿Cuándo?
c) ¿Qué tan a menudo ocurre?
d) ¿Cuánto dura?

Por ejemplo, un padre o una madre puede decidir medir el número de veces que su hija o hijo pelea con su hermano o hermana, o el número de veces que hace berrinche en un día y también se puede medir cuánto dura su berrinche.

IDENTIFICAR LOS ESTÍMULOS
Con la especificación y la medición, lo que se ha hecho es trazar un “mapa” de la conducta del niño o la niña, el cual permite saber dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos. El asunto de los estímulos es algo individual; lo que resulta motivador para alguien puede no serlo para otra persona.

TIPOS DE ESTÍMULOS
Los estímulos pueden dividirse de manera conveniente en tres categorías principales:

Los estímulos interpersonales incluyen los halagos y las manifestaciones de placer provocados por la conducta de alguien.
1. Decir: “Estoy muy orgulloso/a de que no molestes a tu hermanito/a cuando juega”.
2. Manifestar: “Eres muy amable con tu amiguita y eso me gusta mucho”.
3. Expresar: “ Me he fijado que estás guardando tus juguetes sin que te lo recuerde, estás siendo un/a niño/a muy responsable”.
4. Decir: “Te quiero”.
5. Abrazar al/la niño/a con delicadeza o darle palmaditas en la espalda.
6. Sonreír.
7. Decir: “Bien por ti, no peleaste en todo el día”.
8. Expresar: “A papá y a mí nos encantó lo bien que te portaste con tu amiguita/o”.

Los estímulos que consisten en actividades:
1. Ir al cine.
2. Jugar con los chicos y chicas con su juguete favorito o su juego favorito.
3. Ver la televisión.
4. Salir con alguno de los padres al parque o algún lado que les resulte atractivo.
5. Ir con los padres o alguno de ellos a comer helado.
6. Ir a ver actividades en museos, parques, librerías, etc.
7. Ir a casa de alguna amiguita o amiguito.

Los estímulos materiales:
1. Conceder un deseo semanalmente.
2. Una muñeca, carritos.
3. Un postre después de la comida.
4. Calcomanías
5. Un vestido para su muñeca, o algo para su carro u otro juguete.

Un aspecto importante de tener en cuenta es que entre los diferentes niños/as cada uno/a responde a su manera a los mismos estímulos, por lo que es imprescindible conocer qué es lo que estimula al niño o niña con la que se va a trabajar. Si se elige un estímulo que no resultó efectivo habrá que elegir otro, pero para evitar hacer ensayo y error, es necesario aprender a identificar los estímulos.

“Paternidad Positiva”. Modificación de Conducta en la Educación de los Hijos. Roger C. Rinn y Allan Markle. Editorial Trillas (1994)

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